Jugar… pero en movimiento.
“Juego este domingo con las niñas de mis amigas, de un año y tres meses, una de ellas y un año y cuatro meses la otra y experimento con ellas y sus posibilidades motrices. Jugamos con un aro grande y les muestro como saltar alrededor del mismo con un pie dentro y otro fuera, y en seguida se lanzan a probar. Entran y salen del aro continuamente, aunque por supuesto adaptan mi propuesta a sus posibilidades. Más tarde les propongo pasar por dentro del aro como si fuesen leones y también lo intentan, una más prudente se agacha y entra gateando a través del aro y después realiza grandes esfuerzos físicos para levantarse, buscando sus propias estrategias motrices. La otra (la más pequeña) más lanzada, agacha la cabecita y pasa de pie por dentro del aro, tal como yo les había propuesto”
Reflexiono, tras este día de ocio con amigos y sus pequeñajas, sobre como la tan olvidada motricidad, vital en el desarrollo infantil en todos los ámbitos (relacional, afectivo, de interacción con el entorno, intelectual y un largo etc.), pasa a un segundo plano de importancia en el proceso de aprendizaje de la vida… Todos los agentes educativos implicados en el estímulo de éste aprendizaje, incluidos los padres, estos últimos creo que por desconocimiento, fomentan los aspectos “intelectuales” y les preocupan aspectos como cuándo el bebé empezará a reconocer, a hablar, a leer, a dibujar, a comprender las órdenes y reaccionar, y también por supuesto cuándo desarrollará los aspectos motrices básicos como gatear (este menos) y andar (esté más y casi diríamos como único). A partir de ahí su preocupación por si su motricidad, es más o menos rica, generalmente, lo dejan para más tarde, tal vez cuando comiencen en el cole en infantil (me abstengo de hablar de la psicomoticidad, que en general, se hace en los centros en esta etapa) y empiecen a detectarse carencias e incluso algún sobrepeso…, o tal vez tampoco sea en esa etapa, sino más adelante en primaria o quizá nunca, siempre ha habido personas más y menos torpes ¿no? Entonces, ¿por qué preocuparse?
Es una pena puesto que en estas edades se conforma la base motriz de la persona, y existe una relación directa con el desarrollo intelectual. Así que si no preocupa el hecho de que más tarde el niño no tenga un movimiento armónico, equilibrado, ágil, que no disfrute de correr, saltar, moverse e interactuar con otros niños a través del movimiento, de bailar, de trepar… que no mantenga una buena forma física y no se sienta fuerte y con ganas de moverse, etc. Al menos debería de preocuparles el fracaso escolar en otros ámbitos de conocimiento, la mala canalización de la energía, las dificultades relacionales, los complejos físicos, los bloqueos de expresión corporal, los miedos a arriesgar, a probarse físicamente, etc., todos ellos con relación directa demostrada en el avance intelectual del pequeño.
Comprendo que a estas edades se considera que son muy pequeñitas y pequeñitos y por eso, demasiadas veces, se le resta importancia a los juegos motrices y la actividad física infantil, se infravalora lo que son capaces de hacer y conseguir a nivel físico en estas edades, lo estimulante que es para ellos afrontar retos corporales sencillos, conseguirlos y recibir el refuerzo positivo del adulto, mejorando de este modo su autoestima. Igualmente no se cuestiona si tienen o no suficiente actividad física, puesto que por el hecho de ser niños se da por hecho que van a moverse de sobra y que no les va a afectar el modo de vida actual, apresurada y comodona de los adultos (ascensores, carro, coche, tele para entretener…) cuando eso es totalmente incierto y existen bebés obesos y con falta de estímulo físico, infantes que siguen manteniendo ese sobrepeso y cada vez se mueven y participan menos en los juegos grupales y así, así, sigue la cadena (videojuegos, más tele, ordenador…) que o se rompe en algún momento o como poco, pesará tanto que será difícil moverla en la etapa adulta.
Lo que observo es que generalmente con niños y niñas tan pequeños/as se juega de otra manera, con juguetes, muñecos, construcciones y elementos didácticos…, casi siempre sentados en la alfombrita. Con demasiada frecuencia se olvidan los juegos corporales, que por un lado, les encantan y les suponen un atractivo reto y que por otro lado son tan sencillos como cabalgar sobre cojines (caballos muy económicos), atravesar túneles, girar y deslizarse sobre rollitos de esponja, jugar al corro, saltar en el colchón, agacharse y levantarse tras el gateo a través de un aro (como comenté antes), trepar, nadar equilibrarse para pasar por encima de diferentes elementos sin pisarlos, rodear, proponer y en definitiva, experimentar con todas sus posibilidades motrices que junto con las intelectuales, afectivas, relacionales… conformarán su personita.
Un niño que se mueve: toca, pregunta, razona, intenta, reintenta, lucha, busca palabras para describir, comunica, cuenta, interioriza, genera imágenes, amplía esquemas mentales, desarrolla estrategias, y, sobre todo, disfruta del placer de aprender y de estar vivo.
Pilar Martínez
Reflexiones por un mundo con el tiempo detenido, en el instante en que un niño trata de anudar, por primera vez el solito, los cordones de sus zapatillas, sin que su papa o mamá le digan “vamos deja, ya lo hago yo, que llegamos tarde”.








